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Vienen vientos muy fríos, era la información del mensajero

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Imagen de Vienen vientos muy fríos, era la información del mensajero. El Man del Clima

Como si fuera el pronóstico de la economía nacional, este año el país se levantó con la presencia de “vientos muy fríos” en gran parte del territorio nacional, inclusive en regiones caracterizadas por el calor insoportable de diciembre, ahora sus habitantes se refugian bajo sus cobijas antes de las 6 p.m.

“Nunca antes habíamos sentido tanto frío en enero en Medellín”, dicen unos. Otros, como los cartageneros, con suéter puesto por las noches, apagan el aire acondicionado. “Nunca antes la brisa había soplado tan fuerte”, afirman. En Bucaramanga las tertulias callejeras nocturnas fueron canceladas y ahora se guardan en sus casas muy temprano sin poder actualizar personalmente lo acontecido del día. Ahora deben hacerlo gastando más minutos de celular. Es cierto, el clima está loco.

Llegaron los que todos los años por esta época siempre llegan, los “vientos alisios del norte”, (recordemos que allá están en invierno por eso son fríos), fenómeno típico de las condiciones climáticas de enero, donde los movimientos naturales de la tierra provocan que la dirección y fuerza del aire cambie. Ahora van de Norte a Sur, antes, iban de Sur a Norte, en la temporada de cometas de julio y agosto. Lo cierto y, de acuerdo a los expertos, cada estación anualmente vendrá muy diferente una de la otra.

Precisamente, la manifestación más clara del calentamiento global es que la incertidumbre sobre el clima y la planificación de las operaciones económicas que dependen del clima será cada vez peor. A menos que se investigue y se invierta tiempo, profesionales y dinero en ello. Cosa que en Colombia todavía no se piensa.

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Incrementar nuestra capacidad de pronóstico y predicción a la par de la dinámica cambiante de la tierra o inclusive adelantarse a las peores manifestaciones posibles nunca antes imaginadas, es el reto. Informar diariamente y mantenernos al tanto de su dinámica, es la clave para salir de la ignorancia en la que hemos caído. Por ejemplo, el fenómeno de La Niña 2016-2017 ya se está despidiendo de su paso por Colombia y nadie supo cuándo llegó y mucho menos que ya se está yendo. Las víctimas de la intensidad de las lluvias de septiembre, octubre, noviembre y diciembre del año pasado dejadas por este fenómeno ya nadie las recuerda ni mucho menos sabremos este año ¿qué nos pasará con el clima? o ¿cuáles serán esas nuevas oportunidades que también nos dejará?

La nueva estrategia medieval ahora usada en el país de “matar al mensajero antes de que llegue con las malas noticias del medio ambiente y clima no funcionó”. Y generó el, obvio, fenómeno completamente contrario, no reconocer la presencia del gobierno nacional en temas fundamentales como predecir los peligros a los cuales estamos expuestos todos, la inflación y la economía nacional.

Precisamente, en una encuesta realizada el año pasado para la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático titulada ¿qué piensan los colombianos sobre el cambio climático?, concluye que la visibilidad de las organizaciones nacionales o locales que trabajan en temas de cambio climático es mínima, que no se realizan campañas educativas en los municipios, que los colombianos se sienten, poco o nada, informados con respecto al cambio climático, y que la mayoría de la población no reconoce a las entidades encargadas del tema.

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Y en temas de investigación la situación no podría ser peor. Se evidencia que el país genera el 1 % de las investigaciones que debería estar haciendo, comparadas con otros países como Brasil y países desarrollados del continente.

En definitiva, se perdió el rumbo en medio ambiente y cambio climático. La gente no está informada, mucho menos preparada y no participa en los escenarios diseñados para este objetivo. Retrocediendo de esta manera, la sostenibilidad de la economía nacional representada en el sector energético, agua potable, agrícola, pecuario o minero, tendrá que seguir basados en los pronósticos climáticos de vientos fríos de nuestras abuelas, inclusive para enfrentarnos a los grandes peligros de la propia voluntad divina .

Ricardo Lozano – El Man del Clima

 

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