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Por un nuevo país: oportunidades y jóvenes

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Imagen de Por un nuevo país: oportunidades y jóvenes. El Man del Clima

La posibilidad de que suceda algo en cualquier momento de nuestras vidas para unos se llama riesgo, para otros oportunidad. El riesgo u oportunidad puede traer consecuencias positivas o negativas. Lo importante es que siempre, siempre, debemos tener, con vacas gordas o flacas, un tanque de reserva. Esa es la lección que nos deja el accidente aéreo del Chapecoense. Y no solamente de este, sino de todos los accidentes acontecidos en el camino de la vida. Accidentes en el amor, accidentes en el trabajo, accidentes profesionales, accidentes en la calle. Todo esto lo podemos resumir en una palabra: prevención.

Un país que maneja las cifras más altas de inseguridad, ilegalidad, informalidad y desastres en su actuar, desafortunadamente, ha aprendido y se acostumbró a vivir en contingencia y no a evitar que los desastres sucedan, y mucho menos a aprovechar las oportunidades que las circunstancias de un territorio o de un proceso nos brinda, exponiendo el nombre o reputación de una industria o marca, o a exponer de esta manera a comunidades o recursos naturales inocentes de los peligros.

Los reputados gerentes de la British Petroleum Company -BP- que tenían los grandes premios y reconocimientos por manejar los más grandes estándares de gestión del riesgo, de una día para otro pasaron de ser héroes y modelos de la industria del petróleo y gas, a ser declarados por una juez norteamericana como culpables de los acontecimientos, en donde perdieron la vida varios trabajadores en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon y de exponer de forma irresponsable a otros más, sin advertir y activar las señales de peligro. Esta situación finalmente provocó la desaparición de la prestigiosa marca en esta región. Y cuya lección más importante fue no tener el famoso tanque de reserva (por si algo nuevo sucede), a pesar de los protocolos de seguridad y de los ambiciosos objetivos.

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Estas lecciones aplican no solamente para accidentes industriales o para la prevención de efectos de desastres naturales o provocados por el hombre, sino para la exposición y vulnerabilidad humana y natural de todo tipo. Por ejemplo, si queremos pasar a tener territorios seguros y en paz debemos usar estas reglas.

El país no puede continuar en el camino de llenar las cárceles de jóvenes, inclusive niños, que delinquen o violan las normas, o el Código de Policía y de Convivencia, sin una estrategia seria de prevención. Contrario a ello, esta semana el gobierno de Holanda lanzó la noticia del cierre de 19 cárceles por falta de reclusos. La clave: combinación integral de medidas punitivas con educacionales, empleo, atención temprana individual, caso por caso, a jóvenes con problemas de agresividad y socialización, y acompañamiento a padres, amigos y familiares, inclusive de seguimiento y acompañamiento en el proceso de resocialización una vez son liberados.

Un país que quiere entrar a la etapa del posconflicto no puede seguir con las mismas prácticas que generaron este conflicto por más de 60 años. La prevención y el aprovechamiento de oportunidades para los jóvenes debe ser la prioridad de alcaldes, del Ministerio del Interior, ICBF, Protección Social, Fuerzas Armadas y Policía Nacional.

En Colombia también existen ejemplos exitosos locales que podrán soportar y ajustar la forma de hacer las cosas. Barrios de desplazados y territorios abandonados por la guerra hoy día son el semillero de ejemplares procesos. Con los jóvenes a la cabeza, dichas áreas son la esperanza de Colombia. Las maravillosas expresiones de una nueva música, grafiti, poesía, escritura, baile y buenas prácticas ambientales y de participación ciudadana lo están contando.

Los gobiernos nacional, departamental y municipal tendrán, pues, esa responsabilidad de aprovechar los talentos para obtener los resultados de países como Holanda, que por razón diferente llegó al mismo propósito: convivencia en paz, no solamente entre ciudadanos, sino con la naturaleza y la propia biodiversidad de su hábitat.

Ricardo Lozano – El Man del Clima

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