Inicio Internet ¿Mocoa y Colombia, prisioneras de la verdad?

¿Mocoa y Colombia, prisioneras de la verdad?

259
0
Compartir

Es increíble que después del desastre en Mocoa, se señale al río, la naturaleza o la lluvia como los culpables. Ya se hacen anuncios de canalizar el río como solución, sin pensar que al hacerlo, aumentarán la fuerza del agua, exponiendo con otra avalancha a los municipios y habitantes que se encuentran aguas abajo de la capital del Putumayo, como si la estructura ecológica del territorio, es decir el río, que al contrario garantiza la vida, fuera la amenaza.

¿Por qué ante semejante radiografía tan clara no se quiere ver la verdadera enfermedad? ¿Hasta dónde nos llevarán las malas decisiones con relación al desarrollo sostenible de Colombia? ¿Cuántas víctimas más tendremos que ver para construir vivienda e infraestructura inteligente y segura?

La enfermedad es la falta de Estado, no es la falta de cemento. Los desastres siempre muestran la pobreza en que los pueblos viven. La falta de educación y de conocimiento en las sociedades sobre sus necesidades y mucho más sobre sus amenazas, las lleva siempre al camino del dolor y la prisión. El conocimiento y la información, al contrario, decía Alexander von Humboldt, los llevará a la felicidad y la libertad.

No se necesita ser gran científico para presentir, de acuerdo a los testimonios en Mocoa, que se estaba frente un latente peligro. Inclusive la barrera viva formada de árboles sembrados y protegidos estratégicamente por sus habitantes, en una isla en la mitad del cauce, hizo que el desastre no fuera mayor.

El hecho solamente de observar barrios de río cercanos a grandes pendientes, con alta dinámica hídrica, acompañado de condiciones geológicas específicas, con un alto grado de deterioro de las coberturas vegetales que garantizan la retención hídrica y estabilizan los suelos, y los movimientos en masa ocurridos anteriormente, hacían pensar a la comunidad que algo malo iba a pasar. Y por supuesto un esperado aguacero sobre este impactado territorio, fue el detonante final.

Pero del presentimiento al hecho hay mucho trecho. La decisión de reubicar a barrios enteros con una limitada información científica no es fácil. Para esto se necesitan suficientes recursos económicos para realizar estudios profundos de dinámicas ecosistémicas estructurales, geotécnicas, hidrológicas, climáticas y meteorológicas a la escala adecuada del territorio, así como de la capacidad municipal de respuesta temprana ante estos eventuales hechos sobrevinientes. ¿No sé cuántos municipios más ricos que Mocoa podrán darse el lujo de decir que los tienen?

Y es peor aún cuando debido al calentamiento global, el exceso o déficit extremo de lluvias golpea a todo el planeta. No es un hecho aislado del Putumayo, es ahora el patrón más recurrente en las condiciones de precipitación en toda Colombia, y mucho más cuando desde otros países como Perú ya nos habían advertido sobre la presencia devastadora de “El Niño costero”, Hace tres meses atrás habíamos vivido las consecuencias de la inadvertida Niña 2016- 2017, y diez meses atrás, El Niño 2015-2016, nos había dejado la crisis en el sector agua potable y energético.

Ahora los científicos peruanos nos enseñan a los colombianos cómo adaptarnos y prevenir los efectos del clima. No debemos esperar el anuncio de El Niño común para tomar decisiones inteligentes. Desde su fase adelantada inicial de calentamiento, como la de ahora, se ha demostrado que en los municipios cercanos al océano Pacífico en el sur de Colombia, Ecuador y Perú, el patrón de lluvias aumenta. A este evento, los expertos peruanos pertenecientes al Comité Multisectorial para el Estudio del Fenómeno de El Niño (Enfen) lo llamaron “El Niño costero”. Es una excelente adaptación de científicos del Perú, anteriormente, solo anunciado por las grandes potencias en tecnología como la norteamericana, japonesa o australiana.

Tal como sucedió en Cajamarca, está demostrado que podemos decidir cómo queremos vivir. Podemos seguir como prisioneros de la verdad o participar en el ajuste de los planes de ordenamiento municipal con inteligentes decisiones de reubicación a un nuevo pensamiento. El río representa la fuente de vida y los árboles la estabilidad de la familia. Eso no se discute.

 Ricardo Lozano – El Man del Clima

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here